jueves, 27 de noviembre de 2008

El Laboratorio y la Política

La visión del laboratorio como un instrumento tecnológico para ganar fuerza multiplicando los errores, se hace obvia si se considera la diferencia entre un político y un científico. Normalmente se contraponen sobre una base cognitiva o social. Se dice que el primero es avaro, interesado, corto de vista, poco claro, siempre dispuesto a comprometerse e inestable. Del segundo, se dice que es desinteresado, mira a largo plazo, honesto, o por lo menos riguroso, habla con claridad y exactitud, y busca la certeza. Todas estas diferencias no son más que proyecciones artificiales de una única cosa simple y material. El político no tiene laboratorio y el científico sí. De este modo, el político trabaja a escala real, con un solo disparo de cada vez, y es siempre centro de atención. Ataca, y gana o pierde "ahí fuera". El científico trabaja con modelos a escala, multiplicando los errores dentro del laboratorio, alejado del escrutinio público. Puede intentar algo tantas veces como quiera, y sólo sale cuando ha cometido todos los errores que le han ayu- dado a ganar "certeza". No es sorprendente que uno no "sepa" y el otro "sepa". La diferencia, sin embar- go, no está en el "conocimiento". Si, por casualidad, pudiéramos invertir las posiciones, el mismo político, avaro y corto de vista, una vez situado en un laboratorio, produciría una avalancha de hechos científicos, y el honesto, desinteresado y riguroso científico colocado al timón de una estructura política a escala real, donde no está permitido cometer errores, se convertiría en tan poco claro, incierto y débil como cualquiera.
La especificidad de la ciencia no se encontrará en cualidades cognitivas, sociales o psicológicas, sino en la especial construcción de los laboratorios, donde se invierte la escala de los fenómenos para que las cosas puedan leerse, y después acelerar la frecuencia de las pruebas, permitiendo que se cometan y regis- tren muchos errores. (...)La única forma que tiene un científico de retener la fuerza ganada dentro de su laboratorio gracias al proceso que he descrito, no es salir al exterior, donde la perdería toda de golpe. De nuevo la solución es muy simple. La solución nunca está en salir fuera. ¿Significa esto que están conde- nados a permanecer en los pocos lugares en que trabajan? No. Significa que harán todo lo que puedan para extender a todos los escenarios algunas de las condiciones que hacen posible la reproducción de las favorables prácticas de laboratorio. Como los hechos científicos se hacen dentro de los laboratorios, para hacer que circulen es necesario construir costosas redes dentro de las cuales puedan mantener su frágil eficacia. Si esto significa transformar la sociedad en un inmenso laboratorio, hagámoslo.
La proliferación de laboratorios pasteurianos en todos los lugares que pocas décadas antes no tenían nada que ver con la ciencia es un buen ejemplo de la construcción de una de estas redes. Pero una ojeada a los sistemas de Pesos y Medidas Estandarizados, llamados "métrologie" en francés, aún es más convincente. La mayor parte del trabajo hecho en un laboratorio permanecería allí para siempre si las principales constantes físi- cas no pudieran hacerse constantes en ningún otro lugar. Tiempo, peso, longitud, longitud de onda... se extienden aún a más lugares y con mayores grados de precisión. Entonces, y sólo entonces, los experi- mentos de laboratorio pueden ocuparse de problemas que tienen lugar en fábricas, la industria de herra- mientas, la economía o los hospitales. Pero si simplemente se intenta, mediante un experimento mental, extender la ley más simple de la física "fuera", sin haber previamente extendido y controlado todas las constantes, no será posible verificarla; del mismo modo que habría sido imposible conocer la existencia del ántrax y comprobar la eficacia de la vacuna sin las estadísticas sanitarias. Los sociólogos de la cien- cia ignoran esta transformación de toda la sociedad de acuerdo con los experimentos de laboratorio.

LATOUR, B.: “Dadme un laboratorio y levantaré el Mundo”, en http://www.campus- oei.org/salactsi/latour.htm)

Vannevar Bush y Unabomber, dos actitudes diferentes hacia la Ciencia y la Tecnología

Por encargo del Presidente Roosevelt, Vannevar Bush, un científico norteamericano que dirigió la Oficina de Investigación y Desarrollo, elaboró en 1945 un informe titulado "Ciencia. La última frontera". En él puso las bases de lo que sería la política científica de su país durante la segunda mitad del siglo XX. Con ingenuo optimismo Vannevar Bush defendía el modelo lineal de las relaciones entre ciencia, tecnología y sociedad: más ciencia implica más tecnología y más tecnología implica más progreso nacional y bienestar social. Es la famosa política del cheque en blanco a la ciencia por la que los políticos deben conceder autonomía completa a la ciencia e invertir en ella para esperar que, como fruta madura, se desarrollen los avances tecnológicos que siempre conducirán al progreso del país. Sin duda, Vannevar Bush encarna los planteamientos ideológicos de muchas personas que, dentro y fuera de ella, consideran que cualquier actividad científica será siempre socialmente beneficiosa y por ello debe ser apoyada sin pedir cuentas sobre sus resultados.Pocos años antes de que Vannevar Bush elaborara su informe nacía Theodore Kaczynski quien llegaría a ser profesor de matemáticas en la Universidad de Berkeley y el modelo más emblemático del científico renegado. A finales de los años setenta abandona su brillante carrera científica y emprende otra carrera pública que le hace más famoso: la del terrorista anticiencia conocido como Unabomber. Entre 1978 y 1996 envía bombas a diferentes personalidades de la universidad con el resultado de 3 muertos y 23 heridos. Los motivos de su campaña terrorista los expone en un manifiesto de 67 páginas titulado "La sociedad industrial y su futuro" que consigue que sea publicado en 1995 por el New York Times y el Washington Post. En dicho manifiesto Unabomber considera que la sociedad actual vive en un estado de frustración, incertidumbre y pérdida de libertad provocado por la ciencia y la tecnología ya que las decisiones son tomadas por una élite con poder tecnológico que está muy alejada de la mayoría social. Frente a esta situación Unabomber propone como única solución una revolución que acabe con esta sociedad tecnológica. Coherente con sus planteamientos tecnófobos vivió durante casi veinte años, hasta su detención y condena a cadena perpetua, como un ermitaño con una única relación con la actividad técnica: la preparación de bombas caseras que enviaba a investigadores universitarios y grandes empresas tecnológicas.Vannevar Bush y Unabomber compartían una visión radicalizada acerca de las implicaciones sociales de la ciencia y la tecnología. El primero consideraba que se debía invertir en ciencia y tecnología con la seguridad de que esa inversión produciría siempre el progreso nacional y social con sólo dejar hacer a los científicos su propio trabajo. El segundo consideraba que la ciencia y la tecnología eran el principal ene- migo de la sociedad y por ello emprendió una alocada carrera en la que intentó no dejar hacer a los cien- tíficos su trabajo enviándoles bombas. Es evidente que la conducta de Unabomber es completamente repudiable, de hecho cumple condena a cadena perpetua por ella. Pero ¿lo es menos la de Vannevar Bush? La tecnofobia de Unabomber le convirtió en un terrorista, pero la tecnofilia de Vannevar Bush le llevó a participar activamente en el Proyecto Manhattan con el que se preparó la bomba atómica.

CTS /GRUPO ARGO www.grupoargo.org

Alta Iglesia y Baja Iglesia en los estudios de CTS

Alta Iglesia y Baja Iglesia es la distinción propuesta irónicamente por Steve Fuller en una animada dis - cusión con Juan Ilerbaig que tuvo lugar durante 1992 en las páginas de la revista norteamericana Science, Technology and Society. Fuller hacía referencia a las que nosotros hemos llamado tradición europea y tradición americana, respectivamente. Ilerbaig comenzó distinguiendo entre dos subculturas CTS: una cultura académica, con sus propias revistas y congresos, y rígidos estándares académicos definidos disciplinarmente (en tanto que nueva disciplina resultante del cruce multidisciplinar bajo orientación de la socio- logía); y una cultura activista, también con sus revistas, asociaciones y congresos, pero concebida más bien como un movimiento social en sentido amplio, centrado en una reforma política y educativa. Una historia comienza con Thomas Kuhn, la otra, con la guerra de Vietnam. Una ha escrito para los altos estratos de la academia, la otra ha desempeñado un papel misionero.
GONZÁLEZ GARCÍA, M., LÓPEZ CEREZO, J. A. y LUJÁN LÓPEZ, J. L.: Ciencia, Tecnología y Sociedad.Una introducción al estudio social de la ciencia y la tecnología, Tecnos, Madrid, 1996, p. 95.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

¿Cómo se consideraba hace dos siglos la Educación Científica?

"...Estas ciencias son, contra los prejuicios, contra la pequeñez de espíritu, un remedio, si no más seguro, al menos más universal que la filosofía misma. Son útiles en todas las proporciones y es fácil ver cómo lo serían más si estuviesen más uniformemente extendidas. Los que siguen su marcha ven aproximarse la época en que la utilidad práctica de su aplicación va a alcanzar una difusión a la que no hubieran osado sus esperanzas y en que los progresos de las ciencias físicas deben producir una dichosa revolución en las artes, y el medio más seguro de adelantar esta revolución es el de esparcir estos conocimientos en todas las clases de la sociedad y facilitarles los medios de adquirirlas."

CONDORCET (1792): Informe sobre la organización general de la Instrucción Pública, Morata, Madrid,2001"

...En teoría, el proyecto de dar una educación a las clases trabajadoras es ya bastante equívoco, y en la práctica, sería perjudicial para su moral y felicidad. Enseñaría a las gentes del pueblo a despreciar su posición en la vida en vez de hacer de ellos buenos servidores de la agricultura y los otros empleos a los que les ha destinado su posición. En vez de enseñarles subordinación les haría facciosos y rebeldes, como se ha visto en algunos condados industrializados. Podrían entonces leer panfletos sediciosos, libros peligro- sos y publicaciones contra la cristiandad. Les haría insolentes ante sus superiores; en pocos años el resultado sería que el gobierno tendría que utilizar la fuerza contra ellos."

Informe del presidente de la Royal Society para oponerse a principios del siglo XIX a la creación de escuelas elementales en Inglaterra, en CIPOLLA, C.: Educación y desarrollo en Occidente, Ariel, Barcelona,1970) / Extraído de www.grupoargo.org

¿Para qué sirve la educación científica en el siglo XXI?

"La educación, y muy concretamente la alfabetización científico-tecnológica, ha de tratar con detenimiento estas cuestiones, ha de favorecer análisis realmente globalizadores y preparar a los futurosciudadanos y ciudadanas para la toma fundamentada y responsable de decisiones. Es preciso, sobre todo, que esa educación permita analizar planteamientos que son presentados como "obvios" e incuestionables, sin alternativas, escamoteando de ese modo la posibilidad misma de elección. Ese es el caso, pensamos, de la idea de competitividad. Curiosamente, todo el mundo habla de competitividad como algo del todo necesario, sin tener en cuenta que se trata de un concepto muy contradictorio cuando se analiza globalmente: ser "competitivos" significa poder ganarle a otros la partida; el éxito en la batalla de la competitividad conlleva el fracaso de otros. Puede ser ilustrativa a este respecto la forma en que Sánchez Ferlosio (1997) se refiere a "la perspectiva del actual encarnizamiento de la competencia, con la inexorable urgencia de ajustarse sin pausa a la aceleración de la carrera de la competitividad" (el subrayado es nuestro). Se trata, pues, de un concepto que responde a planteamientos particularistas, centrados en el interés de una cierta colectividad enfrentada -a menudo "encarnizadamente"- a "contrincantes" cuyo futuro, en el mejor de los casos, nos es indiferente… lo cual resulta contradictorio con las características de un desarrollo sustentable, que ha de ser necesariamente global y abarcar la totalidad de nuestro pequeño planeta.""La educación ha de contribuir a fundamentar la convivencia de regirse por otro concepto de eficiencia, que tenga en cuenta las repercusiones a corto, medio y largo plazo, tanto para una colectividad dada como para el conjunto de la humanidad y de nuestro planeta. Y es necesario, asimismo, hacer ver que no hay nada de utópico en estos planteamientos: hoy lo utópico, "lo que no tiene lugar", es pensar que podemos seguir guiándonos por intereses particulares sin que, en un plazo no muy largo, todos paguemos las consecuencias. Quizás ese comportamiento fuera válido -al margen de cualquier consideración ética- cuando el mundo contaba con tan pocos seres humanos que resultaba inmenso, sin límites. Pero hoy eso sólo puede conducir a una masiva autodestrucción."
GIL, D.ñ: "El papel de la educación ante las transformaciones científico-tecnológicas", Revista Iberoamericana de Educación, Nº 18. http://www.campus-oei.org/oeivirt/rie18a03.htm (Extraído de www.grupoargo.org)

El control de los procesos

“Al evolucionar los tornos, se separaron del operador diversas partes de la operación. Se aplicó energía para voltear el torno desapareciendo el pedal, y se añadieron artefactos para sostener primero las herramientas de corte y luego para controlarlas. Si analizamos los diferentes aspectos del trabajo del tornero, es posible identificar en detalle los pasos en que el desarrollo mecánico absorbió gradualmente las funciones hasta que en la actualidad los tornos controlados numéricamente son completamente automáticos.”
Tamaño de fuenteArnold Pacey, La Cultura de la Tecnología.

Estructuración técnica del tiempo

“No puede sobreestimarse el provecho en eficiencia mecánica gracias a la coordinación y la estrecha articulación de los acontecimientos del día. Si bien este incremento no puede medirse sencillamente en caballos de fuerza, sólo tiene uno que imaginar su ausencia hoy para prever la rápida desorganización y el eventual colapso de toda nuestra sociedad. El moderno sistema industrial podría prescindir del carbón, del hierro y del vapor más fácilmente que del reloj.”
Lewis Mumford, Técnica y Civilización

lunes, 24 de noviembre de 2008

Tiempo Orgánico y Mecánico

“…El monasterio fue base de una vida regular, y un instrumento para dar las horas a intervalos o para recordar al campanero que era hora de tocar las campanas es un producto casi inevitable de esta vida. Si el reloj mecánico no apareció hasta que las ciudades del siglo XIII exigieron una rutina metódica, el hábito del orden mismo y de la regulación formal de la sucesión del tiempo, se había convertido en una segunda naturaleza en el monasterio. Coulton está de acuerdo con Sombart en considerar a los Benedictinos, la gran orden trabajadora, como quizá los fundadores originales del capitalismo moderno: su regla indudablemente le arrancó la maldición al trabajo y sus enérgicas empresas de ingeniería quizá le hayan robado incluso a la guerra algo de su hechizo. Así pues no estamos exagerando los hechos cuando sugerimos que los monasterios -en un momento determinado hubo 40.000 hombres bajo la regla benedictina- ayudaron a dar a la empresa humana el latido y el ritmo regulares colectivos de la máquina; pues el reloj no es simplemente un medio para mantener las huellas de las horas, sino también para la sincronización de las acciones de los hombres.“…Las nubes que podían paralizar el reloj de sol, el hielo que podía detener el reloj de agua de una noche de invierno, no eran ya obstáculos para medir el tiempo: verano o invierno, de día o de noche, se daba uno cuenta del rítmico sonar del reloj. El instrumento pronto se extendió fuera del monasterio; y el sonido regular de las campanas trajo una nueva regularidad a la vida del trabajador y del comerciante. Las campanas del reloj de la torre casi determinaban la existencia urbana. La medición del tiempo pasó al servicio del tiempo, al recuento del tiempo y al racionamiento del tiempo. Al ocurrir esto, la eternidad dejó poco a poco de servir como medida y foco de las acciones humanas.
“Mumford; Lewis: El Monasterio y el Reloj, en Preparación Cultural. Técnica y Civilización (1934). Madrid Alianza (1994).(Libro digitalizado en: http://www.hipersociologia.org.ar/biblioteca/textos/ )

domingo, 23 de noviembre de 2008

La Corrección

"El control de los individuos, esa suerte de control penal punitivo a nivel de sus virtualidades no puede ser efectuado por la justicia sino por una serie de poderes laterales, al margen de la justicia, tales como la policía y toda una red de instituciones de vigilancia y corrección: la policía para la vigilancia, las instituciones psicológicas, psiquiátricas, criminológicas, médicas y pedagógicas para la corrección. Es así que se desarrolla en el siglo XIX alrededor de la institución judicial y para permitirle asumir la función de control de los individuos al nivel de su peligrosidad, una gigantesca maquinaria de instituciones que encuadrarán a éstos a lo largo de su existencia: instituciones pedagógicas como la escuela, psicológicas o psiquiátricas como el hospital, el asilo, etc. Esta red de un poder que no es judicial debe desempeñar una de las funciones que se atribuye la justicia a sí misma en esta etapa: función que no es ya de castigar las infracciones de los individuos sino de corregir sus virtualidades."
Foucault, Michel, La verdad y las formas jurídicas. Ed. Gedisa, Barcelona, 1980

Condiciones del "acuerdo" social

“El pacto, cuya ratificación se nos pide, asume la forma de un espléndido soborno. Bajo el contrato social democrático-autoritario, cada miembro de la sociedad puede exigir cualquier ventaja material, todo estímulo intelectual y emocional que pueda desear, en cantidades hasta hoy difícilmente obtenibles incluso para una restringida minoría: alimentos, vivienda, transporte rápido, comunicación instantánea, atenciones médicas, diversiones y educación. Pero ello con una condición: la de que no sólo nadie puede pedir algo que el sistema no facilite, sino que, además, hay que tomar todo lo que se ofrezca, debidamente procesado y fabricado, homogeneizado y nivelado, en las cantidades exactas que el sistema, y no la persona, exija. Una vez que uno opta por el sistema, no queda más elección. En pocas palabras, si uno cede su vida desde un buen principio, los técnicos autoritarios le devolverán todo lo que de ella pueda ser mecánicamente dosificado, cuantitativamente multiplicado, y colectivamente manipulado y ampliado.”
Munford Lewis, “Técnicas autoritarias y democráticas”, en Revista Anthropos N° 14. Barcelona, abril de 1989

Instrucciones para dar cuerda a un reloj

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y paseará contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
Cortázar, Julio; Historias de cronopios y de famas

Signos por todas partes

Roland Barthes es considerado uno de los fundadores de la Semiología. Barthes se basó en la concepción del signo de Saussure para analizar todo tipo de prácticas significantes de la vida social (el teatro, el cine, la fotografía, la moda, la publicidad, el discurso político, el amor, la cultura japonesa, entre otras). Sus textos presentan una mirada lúcida y sugerente de la vida contemporánea.


“Un vestido, un plato cocinado, un gesto, una película cinematográfica, una música, una imagen publicitaria, un mobiliario, un titular de diario (...).¿Qué pueden tener en común? Por lo menos esto: son todos signos. Cuando voy por la calle –o por la vida- y encuentro estos objetos, les aplico a todos, sin darme cuenta, una misma actividad, que es la de cierta lectura: el hombre moderno, el hombre de las ciudades, pasa su tiempo leyendo. Lee, ante todo y sobre todo, imágenes, gestos, comportamientos: este automóvil me comunica el status social de su propietario, esta indumentaria me dice con exactitud la dosis de conformismo, o de excentricidad de su portador (...). Aún cuando se trata de un texto escrito, siempre nos es dado leer un segundo mensaje entre las líneas del primero: si leo en grandes titulares ´Pablo VI tiene miedo´, esto quiere decir también: ´Si Usted lee lo que sigue sabrá por qué´.Todas estas ´lecturas´ son muy importantes en nuestra vida, implican demasiados valores sociales, morales, ideológicos, para que una reflexión sistemática pueda dejar de tomarlas en consideración: esta reflexión es la que, por el momento al menos, llamamos semiología (...). Lo que importa es poder someter a un principio de clasificación una masa enorme de hechos en apariencia anárquicos, y la significación es la que suministra este principio: junto a las diversas determinaciones (económicas, históricas, psicológicas) hay que prever ahora una nueva cualidad del hecho: el sentido.El mundo está lleno de signos, pero estos signos no tienen la bella simplicidad de las letras del alfabeto, de las señales del código vial o de los uniformes militares: son infinitamente más complejos y sutiles. La mayor parte de las veces los tomamos como informaciones naturales (...).Descifrar los signos del mundo quiere decir siempre luchar contra cierta inocencia de los objetos. Comprendemos nuestro idioma tan ´naturalmente´, que jamás se nos ocurre la idea de que nuestra lengua es un sistema muy complicado y muy poco “natural” de signos y de reglas: de la misma manera es necesaria una sacudida incesante de la observación para adaptarse no al contenido de los mensaje sino a su hechura: dicho brevemente: el semiólogo, como el lingüista, debe entrar en la ´cocina del sentido´.

Roland Barthes. “La cocina del sentido”. EnLa aventura semiológica. Barcelona, Paidós, 1990.

Información, Comunicación y Ética Teórica

“El mundo visto como un mero intercambio de información es el imperio de la trivialidad; el abandono de las jerarquías morales impone el imperio de “todo da lo mismo”. Pero cuando “todo da lo mismo”, en realidad “nada vale”. Estamos ahí en las fronteras del nihilismo, de la nada, de la exaltación de la nada. De la negación de nosotros como seres portadores de algo absoluto, o sea, exactamente lo contrario de la nada.Señalar esta trivialización cuando el mal también se hace trivial es nuestra tarea más importante. Es la peor forma del mal, el mal trivial no es una forma inferiorizada del mal absoluto. Todo lo contrario: es el mal absoluto actuando de la manera más intensa. Cuando no se percibe manifiestamente, cuando adquiere la forma de los hechos cotidianos, técnicamente necesarios, el riesgo es mayúsculo. Una de las maneras en que actúa esta trivialización, o sea, el mal, se reconoce en la dificultad de pensar en estas cosas, en la mirada piadosa que acompaña a quienes se aventuran por estas zonas. “

Schmucler, Héctor. Memoria de la comunicación. Ed. Biblos, 1997

Distintas posturas sobre los Medios de Comunicación

En 1963, Umberto Eco identificó con el nombre de “apocalípticos” a los pensadores que hacían hincapié en los efectos negativos de los medios masivos en la sociedad y atribuyó el nombre de “integrados” (o, en este fragmento, “apologistas”) a los que celebraban sin ninguna actitud crítica el desarrollo de los medios masivos. Eco criticó ambos tipos de pensamiento.
“El error de los apologistas estriba en creer que la multiplicación de los productos industriales es de por sí buena, según una bondad tomada del mercado libre, y no que debe ser sometida a crítica y a nuevas orientaciones.El error de los apocalíptico-aristocráticos consiste en pensar que la cultura de masas es radicalmente mala precisamente porque es un hecho industrial, y que hoy es posible proporcionar cultura que se sustraiga al condicionamiento industrial.”

Umberto Eco. Apocalípticos e Integrados Barcelona, Lumen, 1990 citado en Comunicación /Santillana Polimodal Sergio Caletti, Andrés M. Cuesta González, Pablo G. Livszyc

Decodificaciones del Señor Sigma

... I. Supongamos que el señor Sigma, en el curso de un viaje a París, empieza a sentir molestias en el «vientre». Utilizo un término genérico, porque el señor Sigma por el momento tiene una sensación confusa. Se concentra e intenta definir la molestia: ¿ardor de estómago?, ¿espasmos?, ¿dolores viscerales? Intenta dar nombre a unos estímulos imprecisos; y al darles un nombre los culturaliza, es decir, encuadra lo que era un fenómeno natural en unas rúbricas precisas y «codificadas»; o sea, que intenta dar a una experiencia personal propia una calificación que la haga similar a otras experiencias ya expresadas ‘en los libros de medicina o en los artículos de los periódicos.
Por fin descubre la palabra que le parece adecuada: esta palabra vale por la molestia que siente. Y dado que quiere comunicar sus molestias a un médico, sabe que podrá utilizar la palabra (que el médico está en condiciones de entender), en vez de la molestia (que el médico no siente y que quizás no ha sentido nunca en su vida).
Todo el mundo estará dispuesto a reconocer que esta palabra, que el señor Sigma ha individualizado, es un signo, pero nuestro problema es más complejo.
El señor Sigma decide pedir hora a un médico. Consulta la guía telefónica de París; unos signos gráficos precisos le indican quiénes son médicos, y cómo llegar hasta ellos.
Sale de casa, busca con la mirada una señal particular que conoce muy bien: entra en un bar. Si se tratara de un bar italiano intentaría localizar un ángulo próximo a la caja, donde podría estar un teléfono, de color metálico. Pero como sabe que se trata de un bar francés, tiene a su disposición otras reglas interpretativas del ambiente: busca una escalera que descienda al sótano. Sabe que, en todo bar parisino que se respete, allí están los lavabos y los teléfonos. Es decir, el ambiente se presenta como un sistema de signos orientadores que le indican dónde podrá hablar.
Sigma desciende y se encuentra frente a tres cabinas más bien angostas. Otro sistema de reglas le indica cómo ha de introducir una de las fichas que lleva en el bolsillo (que son diferentes, y no todas se adaptan a aquel tipo de teléfono: por lo tanto, ha de leer la ficha X como «ficha adecuada al teléfono de tipo Y. ») y, finalmente, una señal sonora le indica que la línea está libre; esta señal es distinta de la que se escucha en Italia, y por consiguiente ha de poseer otras reglas para «descodificarla»; también aquel ruido (aquel bourdonnement, como lo llaman los franceses) vale por el equivalente verbal «vía libre».
Ahora tiene delante el disco con las letras del alfabeto y los números; sabe que el médico que busca corresponde a DAN 0019, esta secuencia de letras y números corresponde al nombre del médico, o bien significa «casa de tal». Pero introducir el dedo en los agujeros del disco y hacerlo girar según los números y letras que se desean tiene además otro significado: quiere decir que el doctor será advertido del hecho de que Sigma lo llama. Son dos órdenes de signos diversos, hasta el punto de que puedo anotar un número de teléfono, saber a quién corresponde y no llamarle nunca; y puedo marcar un número al azar, sin saber a quién corresponde, y saber que al hacerlo llamo a alguien.
Además, este número está regulado por un código muy sutil: por ejemplo, las letras se refieren a un barrio determinado de la ciudad, y a su vez, cada letra significa un número, de manera que si llamara a París desde Milán, debería sustituir DAN por los números correspondientes, porque mi teléfono italiano funciona con otro código.
Sea como fuere, Sigma marca el número: un nuevo sonido le dice que el número está libre. Y finalmente oye una voz: esta voz habla en francés, que no es la lengua de Sigma. Para pedir hora (y también después, cuando explique al médico lo que siente) ha de pasar de un código a otro, y traducir en francés lo que ha pensado en italiano. El médico le da hora y una dirección. La dirección es un signo que se refiere a una posición precisa de la ciudad, a un piso preciso de un edificio, a una puerta precisa de este piso; la cita se regula por la posibilidad, por parte de ambos, de hacer referencia a un sistema de signos de uso universal, que es el reloj.
Vienen después diversas operaciones que Sigma ha de realizar para reconocer un taxi como tal, los signos que ha de comunicar al taxista; cuenta también la manera como el taxista interpreta las señales de tráfico, direcciones prohibidas, semáforos, giros a la derecha o a la izquierda, la comparación que ha de efectuar entre la dirección recibida verbalmente y la dirección escrita en una placa...; y están también las operaciones que ha de realizar Sigma para reconocer el ascensor del inmueble, identificar el pulsador correspondiente al piso, apretarlo para conseguir el traslado vertical, y por fin el reconocimiento del piso del médico, basándose en la placa de la puerta. Sigma ha de reconocer también, entre dos pulsadores situados cerca de la puerta, el que corresponde al timbre y el que corresponde a la luz de la escalera; pueden ser reconocidos por su forma distinta, por su posición más o menos próxima a la puerta, o bien basándose en un dibujo esquemático que tienen grabado encima, timbre en un caso, lámpara en otro... En una palabra, Sigma ha de conocer muchas reglas que hacen que a una forma determinada corresponda determinada función, o a ciertos signos gráficos, ciertas entidades, para poder al fin acercarse al médico."...
Umberto Eco: PROEMIO, en Signo. Editorial Labor, Barcelona 1988

¿Resistencia o Sumisión?

“Cuando la búsqueda dominada de la distinción
lleva a los dominados a afirmar lo que los distingue,
eso mismo en nombre de lo cual ellos son dominados
y constituidos como vulgares,
¿hay que hablar de resistencia?...
...Cuando, a la inversa, los dominados trabajan
para perder lo que los señala como ´vulgares´
¿es sumisión?...
Es una contradicción indisoluble,
está inscrita en la lógica misma
de la dominación simbólica,
no quieren admitirla las personas
que hablan de ´Cultura Popular´.
La resistencia puede ser alienante
y la sumisión puede ser liberadora.
Tal es la paradoja de los dominados,
y no se sale de ella”

Bourdieu, Pierre: “Los usos del pueblo” en Cosas Dichas, Barcelona, Gedisa, 1988.

Collage

Para hacer un poema dadaístaTome un periódico.Tome unas tijeras.Elija en ese periódico un artículo que tenga la extensión que usted quiere dar a su poema.Corte el artículo.Corte enseguida con cuidado cada una de las palabras que constituyen ese artículo y póngalas en una bolsa.Agite suavemente.Extraiga luego cada trozo uno tras otro en el orden en que salen de la bolsa.Copie concienzudamente.El poema será la viva imagen de usted.Y usted será ´un escritor infinitamente original y de una exquisita sensibilidad, aunque el vulgo no lo comprenda´.
Tristán Tzara en: Siete manifiestos Dadá, 1924.
Cita de Yaki Setton en: La revuelta surrealista. Libros del Quirquincho, Buenos Aires, 1980

Camino hacia todas Partes

Pidan que les traigan con qué escribir, tras haberse instalado en un lugar que sea lo más favorable posible para la concentración del espíritu sobre sí mismo. Entren en el estado más pasivo o receptivo que puedan. Prescindan de su genio, de su talento y del genio y el talento de los demás. Digan hasta empaparse que la literatura es uno de los más tristes caminos que llevan a todas partes. Escriban rápido, sin tema preconcebido, escriban lo suficientemente rápido para no tener que frenarse y no tener la tentación de leer lo escrito. La primera frase se les ocurrirá por sí misma ya que en cada segundo que pasa hay una frase, que desea salir… Sigan todo el tiempo que quieran.
Breton, André en Manifiesto del Surrealismo, 1924.

Espantapájaros I

No sé; me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso si! - y en esto soy irreductible - no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme! Está fue - y no otra- la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa. ¿Que me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos? ¿Que me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronostico reservado? ¡María Luisa era una verdadera pluma! Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres... ¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado. "¡ María Luisa! ¡María Luisa!... y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte. Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrizaje forzoso de un espasmo. ¡Que delicia la de tener una mujer tan ligera..., aunque nos haga ver, de vez en cuando las estrellas! ¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...la de pasarse las noches de un solo vuelo! Después de conocer a una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay una diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo? Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando.
Oliverio Girondo
Extraído de http://www.avantel.net/~eoropesa/html/poesia/ogirondo1.htm

Espantapájaros 8

(no dicho pero evocado en imágenes)
Yo no tengo una personalidad; yo soy un cocktail, un conglomerado, una manifestación de personalidades.
En mí, la personalidad es una especie de forunculosis anímica en estado crónico de erupción; no pasa media hora sin que me nazca una nueva personalidad.
Desde que estoy conmigo mismo, es tal la aglomeración de las que me rodean, que mi casa parece el consultorio de una quiromántica de moda. Hay personalidades en todas partes: en el vestíbulo, en el corredor, en la cocina, hasta en el W.C.
¡Imposible lograr un momento de tregua, de descanso! ¡Imposible saber cuál es la verdadera!
Aunque me veo forzado a convivir en la promiscuidad más absoluta con todas ellas, no me convenzo de que me pertenezcan.
¿Qué clase de contacto pueden tener conmigo me pregunto-- todas estas personalidades inconfesables, que harían ruborizar a un carnicero? ¿Habré de permitir que se me identifique, por ejemplo, con este pederasta marchito que no tuvo ni el coraje de realizarse, o con este cretinoide cuya sonrisa es capaz de congelar una locomotora?
El hecho de que se hospeden en mi cuerpo es suficiente, sin embargo, para enfermarse de indignación. Ya que no puedo ignorar su existencia, quisiera obligarlas a que se oculten en los repliegues más profundos de mi cerebro. Pero son de una petulancia... de un de una falta de tacto...
Hasta las personalidades más insignificantes se dan unos aires de trasatlántico. Todas, sin ninguna clase de excepción, se consideran con derecho a manifestar un desprecio olímpico por las otras, y naturalmente, hay peleas, conflictos de toda especie, discusiones que no terminan nunca. En vez de con temporizar, ya que tienen que vivir juntas, ¡pues no señor!, coda una pretende imponer su voluntad, sin tomar en cuenta las opiniones y los gustos de las demás. Si alguna tiene una ocurrencia, que me hace reír a carcajadas, en el acto sale cualquier otra, proponiéndome un paseíto al cementerio. Ni bien aquella desea que me acueste con todas las mujeres de la ciudad, esta se empeña en demostrarme las ventajas de la abstinencia, y mientras una abuse de la noche y no me deja dormir hasta la madrugada, la otra me despierta con el amanecer y exige que me levante junta con las gallinas.
Mi vida resulta así una preñez de posibilidades que no se realizan nunca, una explosión de fuerzas encontradas que se entrechocan y se destruyen mutuamente. E1 hecho de tomar la menor determinación me cuesta un tal cúmulo de dificultades, antes de cometer el acto mas insignificante necesito poner tantas personalidades de acuerdo, que prefiero renunciar a cualquier cosa y es per a r que se extenúen discutiendo lo que han de hacer con mi persona, para tener, al menos, la satisfacción de mandarlas a todas juntas a la mierda.
Oliverio Girondo
Extraído de: http://www.vicaro.com/vicaro/contenido/poesia/ladooscuro.html#1

Espantapájaros 18

Llorar a lágrima viva. Llorar a chorros. Llorar la digestión. Llorar el sueño. Llorar ante las puertas y los puertos. Llorar de amabilidad y de amarillo. Abrir las canillas, las compuertas del llanto. Empaparnos el alma, la camiseta. Inundar las veredas y los paseos, y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
Asistir a los cursos de antropología, llorando. Festejar los cumpleaños familiares, llorando. Atravesar el África, llorando.
Llorar como un cacuy, como un cocodrilo... si es verdad que los cacuies y los cocodrilos no dejan nunca de llorar.
Llorarlo todo, pero llorarlo bien. Llorarlo con la nariz, con las rodillas. Llorarlo por el ombligo, por la boca.
Llorar de amor, de hastío, de alegría. Llorar de frac, de flato, de flacura. Llorar improvisando, de memoria. ¡Llorar todo el insomnio y todo el día!
Oliverio Girondo
Extraído de: http://www.vicaro.com/vicaro/contenido/poesia/ladooscuro.html#1

Nuevas Palabras

"¿Qué significa que él ha ´nombrado´ su dolor? ¿Cómo ha hecho esta denominación del dolor? Y, haya hecho lo que fuere, ¿cuál es su propósito? Cuando uno dice ´él dio un nombre a su sensación´ uno olvida que, si el mero acto de nombrar ha de tener sentido, hay que presuponer en el lenguaje un alto grado de escenificación. Y cuando hablamos de que alguien ha dado un nombre a un dolor, lo que está presupuesto es la gramática de la palabra ´dolor´; ella muestra el puesto donde la nueva palabra se estaciona."
Ludwing Wittgenstein, Investigaciones filosóficas, México, UNAM, 1967

La "distribución" de la escritura

La escritura, como técnica cultural, depende por completo de las formas de adiestramiento especializado, no sólo (como llegó a ser común en otras técnicas) para los productores, sino también para los receptores. En vez de ser desarrollo de una facultad inherente o generalmente accesible, es una técnica especializada totalmente dependiente de un adiestramiento específico. Por lo tanto, no es sorprendente que durante un período muy prolongado, los problemas más difíciles en las relaciones sociales de las prácticas culturales giraran en torno a la cuestión de la alfabetización.
Las relaciones sociales en la escritura
Las formas más tempranas de la escritura fueron desarrolladas por grupos muy limitados de especialistas (por lo general oficiales), a quienes les estaba reservada esta tarea; más tarde se extendieron algo más, gracias al constante desarrollo de las ciudades y al intercambio mercantil. El problema cultural no era agudo en esta etapa, pues la escritura era fundamentalmente una técnica de administración, de registro y de contratación. Fue en la etapa siguiente, cuando la escritura pasó a ocuparse, en una proporción cada vez mayor, de los asuntos legales, del aprendizaje, de la religión y de la historia, anteriormente transmitidos de forma oral, que las marcadas divisiones culturales, ya socialmente presentes en las sociedades sin escritura, se volvieron por así decirlo, técnicamente estabilizadas.
En el extraordinario desarrollo posterior de todos estos usos, e incluso mientras algunas otras relaciones sociales estaban cambiando, esta forma de estratificación de acceso se fue haciendo cada vez más importante.
(…)
Las grandes ventajas de la escritura, con su enorme expansión de nuevas formas posibles de continuidad y acceso, se han visto contrarrestadas, en todos los sentidos, por las desventajas radicales que supone su inherente especialización de la facultad de recepción. Solo en los últimos ciento cincuenta años, en todas las culturales, una mayoría de personas ha tenido al menos un acceso mínimo a esta técnica que ya, durante dos milenios, había sido portadora de una gran parte de la cultura humana. Las consecuencias de esta larga (y en muchos lugares persistente) división cultural han sido muy grandes, y la confusión de los desarrollos surgidos a partir de ella, en las sociedades que por fin se están convirtiendo en alfabetas, todavía se sienten entre nosotros.
(…)
Lo que se dice generalmente acerca de la invención de la imprenta es que favoreció en gran medida la expansión de una cultura previamente minoritaria y la convirtió, por fin, en una cultura de las mayorías. Sin embargo, es aquí donde debemos distinguir con la mayor claridad posible entre una invención técnica y una tecnología, y posteriormente entre una tecnología y sus relaciones sociales reales o posibles.
Con la invención de la escritura, se da ya una asimetría básica entre el uso de este poderoso nuevo medio de comunicación y la condición de simple miembro de una sociedad. Esta asimetría se acentúa a medida que aumenta la importancia de la escritura, pero la habilidad para leer crece mucho más lentamente. Las relaciones entre una cultura todavía predominantemente oral y este creciente e importante sector en su “interior” son, pues, particularmente complejas y pronto se alcanza un punto en el que existe una diferencia cualitativa entre el área oral, que todos comparten pero a la cual la mayoría se encuentra confinada, y el área alfabetizada, que adquiere una importancia cultural creciente pero es al mismo tiempo minoritaria y dominante.
TÉCNICAS Y TECNOLOGÍAS
El punto en el cual se alcanza esta relación crítica varía ampliamente en diferentes sociedades, pero en todas partes se pone de manifiesto la distinción fundamental entre una invención técnica, una tecnología y las relaciones sociales dentro de las cuales pueden únicamente operar las tecnologías. Así, pues, la tecnología de la escritura no consiste sólo en la serie de inventos –unos caracteres, un alfabeto y los materiales para su producción—que inician el proceso, sino también en el modo de distribución de la obra así producida. Y el modo mismo de distribución no es solamente técnico –copia de manuscritos y más tarde impresión—sino que depende también de una tecnología más amplia, determinada básicamente por las relaciones sociales, en las que se produce la habilidad misma para leer, que constituye la verdadera esencia de la distribución. La invención de la imprenta, un estadio tecnológico clave en la tecnología de la distribución, tuvo notables y tempranos efectos por cuanto hizo que la distribución técnica fuera mucho más fácil pero en condiciones de distribución social relativamente inalteradas. Además, el aumentar decisivamente la importancia de la cultura escrita, dio lugar a un nuevo tipo de estratificación, en la cual declinó la importancia, tanto cultural como social, de la cultura mayoritaria, todavía oral.
Williams, Raymond. Cultura. Sociología de la Comunicación y del Arte. Paidos, Barcelona, 1981.

sábado, 22 de noviembre de 2008

El Mito en la Derecha

Aunque todavía no se pueden establecer las formas dialectales del mito burgués, podemos, sí, esbozar sus formas retóricas. En este caso hay que entender por retórica un conjunto de figuras fijas, ordenadas, insis­tentes, en las que se alinean las diversas formas del signi­ficante mítico. Estas figuras son transparentes en la medida que no perturban la plasticidad del significan­te; pero ya están suficientemente conceptualizadas como para adaptarse a una representación histórica del mun­do (del mismo modo que la retórica clásica puede dar cuenta de una representación de tipo aristotélico). A tra­vés de su retórica, los mitos burgueses dibujan la pers­pectiva general de la seudofisis que define el sueño del mundo burgués contemporáneo. Éstas son sus principales figuras:

1. La vacuna. Ya he dado ejemplos de esta figura muy frecuente que consiste en confesar el mal acciden­tal de una institución de clase para ocultar mejor su mal principial.* Se inmuniza lo imaginario colectivo mediante una pequeña inoculación de la enfermedad reconocida; así se lo defiende contra el riesgo de una subversión generalizada. Este tratamiento liberal no ha­bría sido posible hace apenas cien años; en aquel mo­mento el bien burgués no transigía, era totalmente in­flexible; después se doblegó enormemente; ya no duda en reconocer algunas subversiones localizadas: la van­guardia, lo irracional infantil, etc.; vive a partir de en­tonces en una economía de compensación: como en toda sociedad anónima bien formada las partes peque­ñas compensan jurídicamente (pero no realmente) a las más grandes.


2. La privación de historia. El mito priva totalmen­te de historia27 al objeto del que habla. En él, la historia se evapora; es una suerte de criada ideal: prepara, trae, dispone, el amo llega y ella desaparece silenciosamente; sólo hay que gozar sin preguntarse de dónde viene ese bello objeto. O mejor: no puede venir más que de la eternidad; desde siempre estaba hecho para el hombre burgués, desde siempre la España de la Guía Azul es­taba hecha para el turista, desde siempre los "primiti­vos" prepararon sus danzas para provocar un placer exótico. Vemos todo lo inquietante que esta feliz figura hace desaparecer; determinismo y libertad a la vez. Nada es producido, nada es elegido: sólo tenemos que poseer esos objetos nuevos de los que se ha hecho desaparecer cualquier sucia huella de origen o de elección. Esta evaporación milagrosa de la historia es otra forma de un concepto común a la mayoría de los mitos burgue­ses: la irresponsabilidad del hombre.


3. La identificación. El pequeñoburgués es un hom­bre impotente para imaginar lo otro.28 Si lo otro se pre­senta a su vista, el pequeñoburgués se enceguece, lo ignora y lo niega, o bien lo transforma en él mismo. En el universo pequeñoburgués todos los hechos que se enfrentan son hechos reverberantes, lo otro se reduce a lo mismo. Los espectáculos, los tribunales, lugares donde se corre el riesgo de que lo otro se exponga, se vuelven espejo. Es que lo otro es un escándalo que atenta contra la esencia. Dominici, Gérard Dupriez, sólo pueden acceder a la existencia social si previamente son reducidos al estado de modestos remedos del presidente de la audiencia, del procurador general; es el precio que hay que pagar para condenarlos con toda justicia, puesto que la justicia es una operación de balanza y la balanza sólo puede pesar lo mismo y lo mismo. En toda conciencia pequeñoburguesa existen simulacros del bri­bón, del parricida, del pederasta, etc., que el cuerpo judicial extrae periódicamente de su cerebro, coloca en el banco del acusado, recrimina y condena; sólo juzga a análogos desviados: cuestión de ruta, no de natura­leza, pues el hombre está hecho así. A veces —raramen­te— lo otro se muestra irreductible; no por un escrúpulo repentino, sino porque en este caso se opone el buen sentido: éste no tiene la piel blanca sino negra, tal otro bebe jugo de pera y no Pernod. ¿ Cómo asimilar lo negro, lo ruso? En estos casos, aparece una figura de auxi­lio : el exotismo. Lo otro deviene puro objeto, espectácu­lo, guiñol: relegado a los confines de la humanidad, ya no atenta contra la propia seguridad. Ésta es sobre todo una figura pequeñoburguesa. El burgués, aunque no pueda vivir lo otro, puede por lo menos imaginar su lugar: es lo que se llama liberalismo, especie de eco­nomía intelectual de los lugares reconocidos. La peque­ña burguesía no es liberal (ella produce el fascismo, mientras que la burguesía lo utiliza): realiza con retraso el itinerario burgués.


4. La tautología. Sí, ya lo sé, la palabra no es her­mosa. Pero el asunto también es excesivamente feo. La tautología es ese procedimiento verbal que consiste en definir lo mismo por lo mismo ("El teatro es el teatro"). Se puede ver en ella una de esas conductas mágicas de las que se ocupó Sartre en su Esbozo de una teoría de las emociones: nos refugiamos en la tautología como en el miedo, la cólera, o la tristeza, cuando estamos faltos de explicación; la carencia accidental del lenguaje se iden­tifica mágicamente con lo que se decide que es una resis­tencia natural del objeto. La tautología conlleva un doble asesinato: se mata lo racional porque nos resiste; se mata el lenguaje porque nos traiciona. La tautología es un desvanecimiento oportuno, una afasia saludable, es una muerte o, si se quiere, una comedia, la "represen­tación" indignada de los derechos de lo real contra el lenguaje. Mágica, sólo puede, por supuesto, protegerse detrás de un argumento de autoridad: asi como respon­den los padres agotados ante el hijo insaciable de expli­caciones: "es así, porque es asi", o mejor todavía: "porque sí, y punto; se acabó". Acto de magia vergonzosa que efectúa el movimiento verbal de lo racional, pero que lo abandona en seguida y cree quedar en paz con la causa­lidad porque ha proferido la palabra introductora. La tautología da cuenta de una profunda desconfianza hacia el lenguaje: se lo rechaza porque nos falta. Pero todo rechazo del lenguaje es una muerte. La tautología funda un mundo muerto, un mundo inmóvil.


5. El ninismo. Llamo así a esa figura mitológica que consiste en plantear dos contrarios y equiparar el uno con el otro a fin de rechazarlos a ambos (No quiero ni esto ni aquello). Es más bien una figura de mito bur­gués pues se parece a una forma moderna de liberalis­mo. Volvemos a encontrar aquí la figura de la balanza: lo real primero es reducido a análogos; después se lo pesa; por fin, comprobada la igualdad, uno se lo saca de encima. También aquí encontramos una conducta mágica: cuando es incómodo elegir, no se da la razón a ninguna de las dos partes; se huye de lo real, que resulta intolerable, reduciéndolo a dos contrarios que se equilibran por el solo hecho de haberlos vuelto for­mas, aliviados de su peso específico. El ninismo puede tener formas degradadas: en astrología, por ejemplo, los males van seguidos de bienes equivalentes; son siem­pre prudentemente predichos en una perspectiva de com­pensación: un equilibrio terminal inmoviliza los valores, la vida, el destino, etc.; no hay que elegir, sólo se trata de asumir responsabilidades.


6. La cuantificación de la cualidad. Es una figura que ronda a través de todas las figuras precedentes. Al reducir toda cualidad a una cantidad, el mito realiza una economía de inteligencia: comprende lo real con menos gasto. He dado varios ejemplos de ese mecanis­mo que la mitología burguesa —y sobre todo pequeño-burguesa— no vacila en aplicar a los hechos estéticos, a los cuales, por otro lado, proclama como poseedores de una esencia inmaterial. El teatro burgués es un buen ejemplo de esta contradicción: por una parte, el teatro es considerado como una esencia irreductible a todo lenguaje, que se ofrece sólo al corazón, a la intuición; recibe de esta cualidad una dignidad impenetrable (se prohíbe como crimen de "lesa-esencia" hablar del teatro científicamente: o más bien, cualquier manera intelec­tual de plantear el teatro será desacreditada bajo el rótulo de cientificismo, de lenguaje pedante); por otra parte, el arte dramático burgués se apoya en una pura cuantificación de los efectos: un circuito de apariencias computables establece una igualdad cuantitativa entre el dinero de la entrada y los llantos del comediante, el lujo del decorado; lo que entre nosotros, por ejemplo, se llama lo "natural" del actor es, sobre todo, una can­tidad de efectos absolutamente visibles.


7. La verificación. El mito tiende al proverbio. La ideología burguesa invierte allí sus intereses esenciales: el universalismo, el rechazo de explicación, una jerar­quía inalterable del mundo. Pero es preciso distinguir, nuevamente, el lenguaje-objeto del metalenguaje. El pro­verbio popular, ancestral, también participa de una comprensión instrumental del mundo como objeto. Una verificación rural como: "hace buen tiempo" guarda una relación real con la utilidad del buen tiempo; es una verificación implícitamente tecnológica; en este caso la palabra, a pesar de su forma general, abstracta, condi­ciona actos, se inserta en una economía de producción: el habitante rural no habla sobre el buen tiempo, lo actúa, lo incorpora en su trabajo. De esta manera nues­tros refranes populares representan un habla activa que se ha solidificado poco a poco en habla reflexiva, pero de una reflexión limitada, reducida a una verificación y, en cierto modo, tímida, prudente, estrechamente cer­cana al empirismo. El refrán popular prevé mucho más de lo que afirma, permanece como el habla de una humanidad que se hace, no que es. El aforismo burgués, en cambio, pertenece al metalenguaje, es un segundo lenguaje que k ejerce sobre objetos ya preparados. Su forma clásica es la máxima. En este caso, la verificación ya no está dirigida hacia un mundo por hacerse; debe cubrir un mundo ya hecho, ocultar las huellas de esta producción bajo una evidencia eterna. Es una contra­explicación, el equivalente noble de la tautología, de es porque sí imperativo que los padres, cuando no tienen respuestas, suspenden encima de la cabeza de sus hijos. El fundamento de la verificación burguesa es el buen sentido, es decir, una verdad que se asienta en el orden arbitrario de quien la habla.


He presentado estas figuras de retórica sin orden y pue­de haber muchas otras: algunas pueden gastarse, otras pueden nacer. Pero tal como son, se advierte perfecta­mente que se agrupan en dos grandes compartimentos que son como los signos zodiacales del universo burgués: las esencias y las balanzas. La ideología burguesa trans­forma continuamente los productos de la historia en tipos esenciales; así como la sepia arroja su tinta para protegerse, la ideología burguesa no se da tregua en, la tarea de ocultar la construcción perpetua del mundo, no cesa en su afán de fijarlo como objeto de posesión infinita, de inventariar su haber, de embalsamarlo, de inyectar en lo real alguna esencia purificante que deten­ga su transformación, su huida hacia otras formas de existencia. Y ese haber, así fijado y congelado, se vol­verá por fin computable: la moral burguesa es esencial­mente una operación de pesada: las esencias son colo­cadas en balanzas cuyo brazo inmóvil es el hombre burgués. Puesto qué el fin específico de los mitos es in­movilizar al mundo, es necesario que los mitos sugieran y simulen una economía universal que ha fijado de una vez para siempre la jerarquía de las posesiones. Así, todos los días y en todas partes, el hombre es detenido por los mitos y arrojado por ellos a ese prototipo inmó­vil que vive en su lugar, que lo asfixia como un inmenso parásito interno y que le traza estrechos límites a su actividad; límites donde le está permitido sufrir sin agitar el mundo: la seudofisis burguesa constituye para el hombre una prohibición absoluta de inventarse. Los mitos no son otra cosa que una demanda incesante, infatigable, una exigencia insidiosa e inflexible de que todos los hombres se reconozcan en esa imagen eterna y sin embargo situada en el tiempo que se formó de ellos en un momento dado como si debiera perdurar siempre. Porque la naturaleza en la que se encierra a los hombres con el pretexto de eternizarlos no es más que un uso, y es justamente ese uso, por más difundido que esté, el que los hombres necesitan dominar y trans­formar.
Roland Barthes, Mitologías, México, Siglo XXI, 1980.

* Uso este barbarismo, "principial", como traducción del neologismo del texto: principiel. [t.]
27 Marx en La ideología alemana: "... debemos ocuparnos de esa historia pues la ideología se reduce ya sea a una con­cepción errónea de esa historia, ya sea a una abstracción completa de esa historia.
28 Marx en 18 Brumario: "... lo que los hace representan­tes de la pequeñoburguesia es que su espíritu, su conciencia, no sobrepasan los limites que esa clase se traza para sus activida­des." Y Gorki: el pequeñoburgués es el hombre que se ha pre­ferido.

Subcultura

Como lo indica el prefijo, las subculturas se realizan dentro de culturas más amplias. Se trata de negociaciones que corresponden a las posiciones, ambigüedades y contradicciones características de ciertos grupos inmersos en estructuras sociales e históricas más abarcadoras. El uso de este término sirve, fundamentalmente, para desterrar ciertas ideas sobre la ´cultura juvenil´ como algo separado, autónomo y aplicable a los jóvenes como totalidad uniforme. En efecto, tiende a considerar tanto la cuestión de la edad como la de la clase social como factores determinantes de las diferentes identidades y actividades juveniles. En este sentido, el concepto se apoya en varios supuestos importantes. Primero, que las sociedades occidentales se caracterizan principalmente por estar divididas en clases sociales, división basada en las desigualdades de poder y de riqueza y en las consiguientes relaciones de dominación y subordinación.
Segundo, que esas divisiones y relaciones desiguales y conflictivas cobran vida y se articulan en forma de culturas de clase que son, en sí mismas, complejas respuestas a determinadas posiciones de clase social. El tercer supuesto es que, en el seno de esas culturas de clase, los jóvenes negocian y exponen sus respuestas subculturales distintivas a los problemas que les plantean su edad y su estatus, así como su posición de clase, en particular en la educación, el trabajo, y el ocio.
T.O. Sullivan y otros, 1997

Arte y Trabajo

“Si es verdad que en cada hombre se esconde un artista, que el hombre es el más dotado de sentido artístico de todos los animales, es cierto, asimismo, que tal disposición puede ser desarrollada y puede decaer. En la base del arte hay una capacidad de trabajo. El que admira el arte, admira un trabajo, un trabajo hábil y logrado. Y es necesario conocer alguna cosa de tal trabajo, a fin de admirar y gozar del resultado, es decir, de la obra de arte.”
Bertolt Brecht, Observación del arte y arte de la observación.

Cultura = Comunicación

“Vivir es en gran medida, una cuestión de comunicación. El marido besa a su mujer, el cliente mira la etiqueta del precio, el alumno levanta la mano, la niñita sonríe. Todos se comunican. La gente se comunica de la mañana a la noche, sobre todo en el mundo moderno, donde la mayor parte de la gente se gana la vida comunicándose. (…)En la sociedad moderna, gente diferente se comunica de diferentes maneras, como lo hace la gente de distintas sociedades en todo el mundo. Y la manera como la gente se comunica es la manera como vive. Es su cultura. ¿Quién habla con quien? ¿Cómo? ¿Acerca de qué?. Estas son preguntas que conciernen a la comunicación y a la cultura”. Alfred G. Smith“La cultura es una compleja y dinámica ecología de personas, cosas, cosmovisiones, actividades y escenarios que fundamentalmente permanece estable, pero que también va cambiando en virtud de la comunicación de rutina y la interacción social. La cultura es un contexto. Es el modo que tenemos de hablar y de vestirnos, es lo que comemos y cómo lo preparamos, son los dioses que inventamos y los modos en que los veneramos, la forma en que repartimos el tiempo y el espacio, cómo bailamos, los valores que les inculcamos a nuestros hijos y todos los demás detalles que conforman nuestra vida cotidiana. Esta perspectiva de cultura implica que ninguna cultura es inherentemente superior a otra y que la riqueza cultural en modo alguno deriva de la posición económica” James Lull“Quien se preocupa por la cultura cuando los salarios pierden 100 por ciento de su poder adquisitivo y la gente se desespera por llegar a fin de mes? Esta crítica podría tener al menos la eficacia de la sensatez ‘común’ si al hablar de cultura nos refiriéramos sólo a las bellas artes, a los libros, a los conciertos. Nos ocuparemos de eso, pero también del modo en que la gente come y piensa, se viste e imagina, arregla su casa y hace política, habla y se calla: en suma, lo que hace a un pueblo vivir de una forma que le da identidad y lo distingue. Hablamos de cultura como el conjunto de fenómenos que contribuyen, mediante la representación o reelaboración simbólica de las estructuras materiales, a comprender, reproducir o transformar el sistema social”.
Néstor García Canclini

Umbrales de la Semiótica

En el momento que el australopiteco utiliza una piedra para descalabrar el cráneo de un mono, todavía no existe cultura, aunque en realidad transforma un elemento de la naturaleza en utensilio. Digamos que surge cultura cuando: a) un ser pensante establece una nueva función de la piedra; b) lo “denomina” “piedra que sirve para algo”; c) la reconoce como “la piedra que corresponde a la función X y que tiene el nombre Y”. Estas tres condiciones ni siquiera implican la existencia de dos seres humanos. Es necesario que quien utiliza la piedra por primera vez considere la posibilidad de transmitir al día siguiente (aunque sea a sí mismo) la información adquirida y que para ello elabore un artificio mnemónico. Utilizar una piedra por primera vez no es cultura. Establecer qué y cómo la función puede repetirse y transmitir esa información, esto sí lo es. El hombre se convierte en emisor y destinatario de una comunicación. En el momento en que se produce la comunicación entre dos seres humanos, es fácil imaginar que lo observable es el signo verbal o pictográfico con el cual el emisor comunica al destinatario el objeto piedra y su posible función, por medio de un nombre (por ejemplo “hundecráneos” o “arma”). El objeto cultural se ha convertido en el contenido de una posible comunicación verbal. El emisor puede comunicar la función del objeto incluso sin denominarlo verbalmente, sino tan solo mostrándolo. Desde el momento en que el posible uso de la piedra ha sido conceptualizado, la propia piedra se convierte en signo concreto de su uso virtual. Por lo tanto se trata de afirmar que desde el momento en que existe sociedad, cualquier función se convierte automáticamente en signo de tal función. Esto es posible a partir del momento en que hay cultura. Pero existe cultura solamente porq ue esto es posible.Con todo esto no queremos decir que la cultura sea solamente comunicación, sino que puede comprenderse mejor si se la examina desde el punto de vista de la comunicación.
Humberto Eco, Los umbrales de la semiótica (Adaptación)

Acerca de la Revolución

El concepto moderno de revolución, unido inseparablemente a la idea de que el curso de la historia comienza súbitamente de nuevo, que una historia totalmente nueva, desconocida y no contada hasta entonces está a punto de desplegarse, fue desconocido con anterioridad a las dos grandes revoluciones que se produjeron a finales del siglo XVIII. Antes que se enrolasen en lo que resultó ser una revolución, ninguno de sus actores tenía ni la más ligera idea de lo que iba a ser la trama del nuevo drama a representar. Sin embargo, desde el momento en que las revoluciones habían iniciado su marcha y mucho antes de que aquellos que estaban comprometidos en ellas pudiesen saber si su empresa terminaría en la victoria o en el desastre, la novedad de la empresa y el sentido íntimo de la misma se pusieron de manifiesto tanto a sus actores como a los espectadores. Sólo podemos hablar de revolución cuando está presente este ideal de la novedad y cuando ésta aparece asociada a la idea de la libertad.
Hannah Arendt, 1992.

La Revolución Comunista

Las revoluciones que se han producido hasta ahora no cambian en el fondo el organismo social. El poder no hizo más que cambiar de manos. Una clase reemplazó siempre a otra en el mismo. Con la revolución comunista, por el contrario, cambiará la organización social misma. No habrá división de clases, con el consiguiente predominio de una sobre las demás. El trabajo no será una carga para nadie. De impuesto como ahora lo es, se convertirá en libre. La revolución comunista podrá hacer todo esto gracias a que la llevará a cabo la clase desposeída. La clase relegada a último plano en la sociedad actual. La clase que entraña la negación de todas las clases.
Kart Marx y Friedrich Engels, 1939.

Dictadura, Pueblo y Democracia

“Ustedes ejercen una dictadura." Queridos señores míos, tienen razón, es justamente eso lo que hacemos. Toda la experiencia acumulada por el pueblo chino durante varios decenios nos enseña a ejercer la dictadura democrática popular, lo que significa privar a los reaccionarios del derecho a la palabra y dar ese derecho sólo al pueblo. ¿Qué se entiende por pueblo? En China, en la presente etapa, por pueblo se entiende a la clase obrera, el campesinado, la pequeña burguesía urbana y la burguesía nacional. Dirigidas por la clase obrera y el Partido Comunista, estas clases se unen, forman su propio Estado, eligen su propio gobierno y ejercen la dictadura sobre los lacayos del imperialismo, es decir, sobre la clase terrateniente y la clase capitalista burocrática, así como sobre sus representantes, los reaccionarios del Kuomintang y sus cómplices, los reprimen, sólo les permiten actuar en la forma debida y no les toleran que se extralimiten, ni de palabra ni de hecho. Si se extralimitan de una u otra forma, se los reprime y se los castiga inmediatamente. La democracia se practica en el seno del pueblo, el cual goza de las libertades de palabra, de reunión, de asociación, etc. Sólo el pueblo goza del derecho electoral, y no los reaccionarios. La combinación de estos dos aspectos, democracia para el pueblo y dictadura para los reaccionarios, constituye la dictadura democrática popular.
Vanesa Bouza Facultad de Ciencias Sociales (UBA)

“Mao Tse-Tung, 1949.

¿Qué es un Hecho Social? (Durkheim)

Antes de indagar el método que conviene al estudio de los hechos sociales, es preciso saber a qué hechos se da este nombre.
La cuestión es tanto más necesaria, en cuanto se emplea aquel calificativo sin mucha precisión; se le emplea corrientemente para designar a casi todos los fenómenos que ocurren en el interior de la sociedad, por poco que a una cierta generalidad unan algún interés social. Pero, partiendo de esta base, apenas si podríamos encontrar ningún hecho humano que no pudiera ser calificado de social. Todo individuo bebe, duerme, come, razona, y la sociedad tiene un gran interés en que estas funciones se cumplan regularmente. Si estos hechos fueran, pues, sociales, la sociología no tendría objeto propio, y su dominio se confundiría con el de la biología y el de la psicología.Pero, en realidad, en toda sociedad existe un grupo determinado de fenómenos que se distinguen por caracteres bien definidos de aquellos que estudian las demás ciencias de la Naturaleza.
Cuando yo cumplo mi deber de hermano, de esposo o de ciudadano, cuando ejecuto las obligaciones a que me he comprometido, cumplo deberes definidos, con independencia de mí mismo y de mis actos, en el derecho y en las costumbres. Aún en los casos en que están acordes con mis sentimientos propios, y sienta interiormente su realidad, ésta no deja de ser objetiva, pues no soy yo quien los ha inventado, sino que los he recibido por la educación. ¡Cuántas veces sucede que ignoramos el detalle de las obligaciones que nos incumben, y para conocerlas tenemos necesidad de consultar el Código y sus intérpretes autorizados! De la misma manera, al nacer el creyente ha encontrado completamente formadas sus creencias y prácticas; si existían antes que él, es que tienen vida independiente. El sistema de signos de que me sirvo para expresar mi pensamiento, el sistema de monedas que uso para pagar mis deudas, los instrumentos de crédito que utilizo en mis relaciones comerciales, las prácticas seguidas de mi profesión, etc., funcionan con independencia del empleo que hago de ellos. Que se tomen uno tras otros los miembros que integran la sociedad, y lo que precede podrá afirmarse de todos ellos.He aquí, pues, maneras de obrar, de pensar y de sentir, que presentan la importante propiedad de existir con independencia de las conciencias individuales.
Y estos tipos de conducta o de pensar no sólo son exteriores al Individuo, sino que están dotados de una fuerza imperativa y coercitiva, por la cual se le imponen, quieran o no. Sin duda, cuando me conformo con ellos de buen grado, como esta coacción no existe o pesa poco, es inútil; pero no por esto deja de constituir un carácter intrínseco de estos hechos y la prueba la tenemos en que se afirma, a partir del momento en que intentamos resistir. Si yo trato de violar las reglas del derecho, reaccionan contra mí para impedir mi acto si todavía hay tiempo, o para anularlo y restablecerlo en su forma normal si se ha realizado y es reparable, o para hacérmelo expiar si no puede ser reparado de otra manera. ¿Se trata de máximas puramente morales? La conciencia pública impide todo acto que la ofenda, por la vigilancia que ejerce sobre la conducta de los ciudadanos y las penas especiales de que dispone. En otros casos la coacción es menos violenta, pero existe. Si yo no me someto a las convenciones del mundo, si al vestirme no tengo en cuenta las costumbres seguidas en mi país y en mi clase, la risa que provoco, el aislamiento en que se me tiene, producen, aunque de una manera más atenuada, los mismos efectos que una pena propiamente tal. Además, no por ser la coacción indirecta, es menos eficaz. Yo no tengo obligación de hablar en francés con mis compatriotas, ni de emplear las monedas legales; pero me es imposible hacer otra cosa. Si intentara escapar a esta necesidad mi tentativa fracasaría miserablemente. Industrial, nada me impide trabajar con procedimientos y métodos del siglo pasado; pero si lo hago me arruinaré sin remedio. Aun cuando pueda liberarme de estas reglas y violarlas con éxito, no lo haré sin lucha. Aun cuando pueda vencerlas definitivamente, siempre hacen sentir lo suficiente su fuerza coactiva por la resistencia que oponen. Ningún innovador, por feliz que haya sido en su empresa, puede vanagloriarse de no haber encontrado obstáculos de este género.
He aquí, pues, un orden de hechos que presentan caracteres muy especiales: consisten en maneras de obrar, de pensar y de sentir, exteriores al individuo, y que están dotadas de un poder coactivo, por el cual se le imponen. Por consiguiente, no pueden confundirse con los fenómenos orgánicos, pues consisten en representaciones y en acciones; ni con los fenómenos psíquicos, que sólo tienen vida en la conciencia individual y por ella. Constituyen, pues, una especie nueva, a que se ha de dar y reservar la calificación de (sociales).
Durkheim, Emilio, Las Reglas del método sociológico

viernes, 21 de noviembre de 2008

La Lucha de Clases

La historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases.Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales, en una palabra: opresores y oprimidos se enfrentaron siempre, mantuvieron una lucha constante, velada unas veces y otras franca y abierta; lucha que terminó siempre con la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases beligerantes.En las anteriores épocas históricas encontramos casi por todas partes una completa división de la sociedad en diversos estamentos, una múltiple escala gradual de condiciones sociales. En la antigua Roma hallamos patricios, caballeros, plebeyos y esclavos; en la Edad Media, señores feudales, vasallos, maestros, oficiales y siervos y, además, en casi todas estas clases todavía encontramos gradaciones especiales.La moderna sociedad burguesa, que ha salido de entre las ruinas de la sociedad feudal, no ha abolido las contradicciones de clase. Únicamente ha sustituido las viejas clases, las viejas condiciones de opresión, las viejas formas de lucha por otras nuevas. Nuestra época, la época de la burguesía, se distingue, sin embargo, por haber simplificado las contradicciones de clase. Toda la sociedad va dividiéndose, cada vez más, en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases, que se enfrentan directamente: la burguesía y el proletariado.La moderna sociedad burguesa que floreció sobre las ruinas de la sociedad feudal no terminó con los antagonismos de clase. Todo lo que hizo fue establecer nuevas clases, nuevas condiciones de opresión, nuevas formas de lucha en lugar de las antiguas. Nuestra época, la época de la burguesía, posee, sin embargo, este rasgo distintivo: ha simplificado tales antagonismos. La sociedad en su conjunto se divide cada vez más en dos grandes bandos hostiles, en dos grandes clases enfrentadas directamente: la burguesía y el proletariado.La burguesía, en el transcurso de un siglo escaso de dominio, ha creado fuerzas productivas más colosales y sólidas que todas las generaciones precedentes juntas.El desarrollo del proletariado industrial está, en general, condicionado por el desarrollo de la burguesía industrial. Sólo bajo su imperio el proletariado conquista esta existencia nacional amplia que puede proyectar su revolución al plano nacional, y crea por sí mismo los medios modernos de producción, que constituyen otros tantos medios de emancipación revolucionaria. Únicamente este dominio burgués desbarata las raíces materiales de la sociedad feudal y nivela el terreno, sentando las bases imprescindibles para una revolución proletaria.
Marx, C y Engels, F., Manifiesto del Partido Comunista

jueves, 20 de noviembre de 2008

4°A Inst. Nuestra Señora de la Misericordia

Alcaraz, M
De Andrés, J
Apollaro, M
Baldi Oliva, D
Boldrini, E
Cancelas, M
Casasola, M
Cerles, F
Chiarini, C
Della Torre, M
Españón, M
Florit, M
Forte, M
Freddi, V
Gago Galvagno, Lucas
Galofaro, D
Iovane, M
Lara, M
Ledesma, S
Maneiro, P
Mileto, M
Moreira, M
Pelleriti, S
Peluso, B
Perez, M
Petty, A
Rocha, M
Salvemini, C
Sanchez Kulik, A
Sanchez, R
Soler, A
Spadetto, M
Speratti, P
Spertino, M
Szeles, L
Tomassevich, D
Torresan, M

5° Instituto Nuestra Señora de las Nieves

1 -Alvarez Nuria
2 -De Chazal Agustina
3 -Di Bellonia Julián
4 -Gayoso Laura
5 -Giovanni Julián
6 -Goncalves Paula
7 -Gonzalez Melisa
8 -Grillo Christian Gabriel
9 -Gubert Kevin
10 -Jorgensen Ezequiel
11 -Lanza Natalia
12 -Lopez Noelia
13 -Lucioni Sebastián
14 -Martinez Yanina
15 -Oblak Antonio
16 -Pugliese Palacios Nicolás
17 -Sanaglioni Antonella
18 -Seleme Ali
19 -Vecino Malen

Curso de articulación entre Escuela Media y Universidad

Media 10
Calabrese Laura
Colman Jaqueline
Córdoba Carmen
Flores, Elisabet
Gómez Laura
Manuelli, Carolina
Ortiz, Gabriela
Quintana, amanda

Media 9
Agüero Silvia
Agüero Cintia
Alamo Irina
Alcaraz Luis
Banegas Soledad
Belardi Rocío
Bogado Rocío
Casco Jésica
Castillo Carlos
Ciccone Antonella
Daneri Yésica
Echazú Rolando
Enrique Romina
Farías Betiana
Fernández Romina
Gallardo Ludmila
Galván Ivana
Giménez Micaela
Gómez Ariana
Hermida Sebastián
Insaurralde Natalia
Insúa Fabián
Juárez Daniel
Lares Natalia
Martín Pamela
Martínez Flavia
Martínez Karina
Morales Martín
Paz Cintia
Perez, Jennifer
Roldán Xoana
Scarsella Marina
Soto Juan
Torre Jonatan
Tula Karina
Vargas Ivana
Verdugo Andrea
Villafañe José

Media 13
Acosta Lucía
Andreu Brenda
Andreu Johana
Bergaglio Daiana
Díaz Pamela
Godoy Rodrigo
Honneker Florencia
Honneker Rodrigo
Martínez Emanuel
Michay Senger
Román Laura
Ruggirello Juana Leila

Media 1
Murguía, Gustavo